El pasado jueves 1 de octubre nos “sorprendía”, una vez más, la noticia de un tiroteo en un centro educativo de EE.UU.
Las escuelas, institutos y universidades americanas parecen ser el blanco perfecto para locos armados con un rifle, aunque casos como los del cine en Aurora (Colorado) nos recuerdan que no es el único lugar donde pueden actuar estos desequilibrados.
Esta vez le ha tocado al estado de Oregón. ¿Dónde y cuándo ocurrirá el próximo asesinato masivo? Evidentemente nadie lo sabe, pero fijándonos en lo ocurrido en los últimos años, casi podríamos asegurar que habrá otro episodio parecido en algún lugar de EEUU, quizás otro centro escolar, en cuestión de meses.
Lo que la gente en Europa no se puede imaginar es que una situación que requiere el cierre por dentro y por fuera de un centro educativo en EEUU es bastante frecuente. En mi primer año enseñando en una escuela de primaria en la ciudad de Denver viví 4 episodios de los que se denominan “Full Lock-Down”. En este escenario nadie entra ni sale del colegio. Todas las puertas exteriores e interiores (de cada aula) están cerradas con llave. Todo el centro está en el más absoluto silencio y las luces de todas las aulas y oficinas están apagadas. Los alumnos, juntos con sus profesores están escondidos en algún lugar del centro hasta que la situación se resuelva. En general, antes de volver a funcionar como cualquier otro día, se pasa por un estadio intermedio en el que las puertas exteriores permanecen cerradas. En este nuevo escenario, una vez más, nadie entra ni sale del centro, pero la vida dentro de la escuela transcurre con relativa normalidad.
Un escenario de “Full Lock Down” puede ocurrir por varias causas. En general, suele comenzar con un aviso del departamento de policía local que alerta a todos los centros de una zona de la ciudad de actividad potencialmente peligrosa en el área. Por ejemplo, un robo a mano armada en un comercio cercano, haría saltar todas las alarmas y obligaría a poner en marcha este protocolo de seguridad tan drástico. Afortunadamente, en la inmensa mayoría de estos casos, no ocurre absolutamente nada.
Ante la proliferación de este tipo de masacres, algunos estados están optando por armar al profesorado. En Utah, por ejemplo, un profesor tiene permiso para ir armado en la escuela. ¡Qué locura! Algunos distritos han comenzado a ofrecer cursos de manejo de armas para su profesorado. En Tejas, una escuela anuncia abiertamente en la entrada que sus profesores van armados.

Atención: Le advertimos de que el personal de la escuela Arglyde ISD está armado y podría usar toda la fuerza que sea necesaria para proteger a nuestros alumnos.
Creo que armar al profesorado es una auténtica sinrazón. Completamente alejado de lo que es la labor de un docente y contrario al objetivo último de la escuela. Además, desde un punto de vista práctico, sospecho que puede crear más problemas de los que soluciona: Decenas de armas de fuego en un recinto con cientos de niños ¿Qué podría salir mal?
La educación estadounidense tiene muchas cosas de las que enorgullecerse. Sus universidades ocupan los primeros puestos del ranking de universidades por la calidad de los estudios que en ellas se ofrecen, pero al igual que el resto de la sociedad americana, suspende en la forma de afrontar la violencia armada.